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Romanceando

En 3º de ESO hemos comenzado a estudiar la literatura medieval. Una de las principales composiciones literarias de esta época son los romances. En algunas ocasiones, el romance es un trocito de un cantar de gesta que gustaba especialmente al público y que muchos se aprendían de memoria. Sin embargo, en otras, estas composiciones eran creaciones de poetas y no procedían de las gestas de grandes héroes.

En la Edad Media no había nada más divertido que escuchar a un juglar cantar estos romances en la plaza del pueblo o escuchar cómo los mayores los recitaban frente al fuego en las frías noches de invierno. Porque estas composiciones eran hechas para ser recitadas. Así que... ¿por qué no recitarlas?

Cada uno de vosotros escogerá un romance de los que encontráis a continuación, se lo aprenderá de memoria, preparará una puesta en escena y lo recitará ante sus compañeros. Podéis recitar, cantar, bailar, apoyar vuestras palabras con imágenes, gestos... Sed imaginativos, disfrutad con ello y haced que nosotros también disfrutemos con vosotros.

Es muy importante que leáis y comprendáis perfectamente todas las palabras y expresiones, además de la historia que cuentan. Si tenéis alguna duda al respecto, no dudéis en preguntarla a la profesora.


LA VENGANZA DE MUDARRA

A cazar va don Rodrigo,  
y aun don Rodrigo de Lara:
con la grande siesta que hace  
arrimádose ha a una haya,
maldiciendo a Mudarrillo,  
hijo de la renegada,
que si a las manos le hubiese,  
que le sacaría el alma.
El señor estando en esto,  
Mudarrillo que asomaba.
-Dios te salve, caballero,  
debajo la verde haya.
-Así haga a ti, escudero,  
buena sea tu llegada.
-Dígasme tú, el caballero,  
¿cómo era la tu gracia?
-A mí dicen don Rodrigo,  
y aun don Rodrigo de Lara,
cuñado de Gonzalo Gustos,  
hermano de doña Sancha;
por sobrinos me los hube  
los siete infantes de Salas;
espero aquí a Mudarrillo, 
 hijo de la renegada;
si delante lo tuviese,  
yo le sacaría el alma.
-Si a ti te dicen don Rodrigo,  
y aun don Rodrigo de Lara,
a mí Mudarra González,  
hijo de la renegada;
de Gonzalo Gustos hijo 
 y anado de doña Sancha;
por hermanos me los hube  
los siete infantes de Salas.
Tú los vendiste, traidor,  
en el val de Arabiana,
mas si Dios a mí me ayuda,  
aquí dejarás el alma.
-Espéresme, don Gonzalo,  
iré a tomar las mis armas.
-El espera que tú diste  
a los infantes de Lara,
aquí morirás, traidor,  
enemigo de doña Sancha.



ROMANCE DE ABENÁMAR

-¡Abenámar, Abenámar,  
moro de la morería,
el día que tú naciste  
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,  
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace  
no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro, 
 bien oiréis lo que diría:
-Yo te lo diré, señor, 
 aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro  
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho  
mi madre me lo decía
que mentira no dijese,  
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,  
que la verdad te diría.
-Yo te agradezco, Abenámar,  
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? 
 ¡Altos son y relucían!

-El Alhambra era, señor,  
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,  
labrados a maravilla.
El moro que los labraba  
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,  
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,  
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,  
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,  
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieses, Granada,  
contigo me casaría;
daréte en arras y dote  
a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,  
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene  
muy grande bien me quería.


ROMANCE XIII EN QUE DOÑA URRACA

-¡Afuera, afuera, Rodrigo,  
el soberbio castellano!
Acordársete debría 
 de aquel buen tiempo pasado
que te armaron caballero  
en el altar de Santiago,
cuando el rey fue tu padrino,  
tú, Rodrigo, el ahijado;
mi padre te dio las armas,  
mi madre te dio el caballo,
yo te calcé espuela de oro 
 porque fueses más honrado;
pensando casar contigo,  
¡no lo quiso mi pecado!,
casástete con Jimena, 
 hija del conde Lozano;
con ella hubiste dineros,  
conmigo hubieras estados;
dejaste hija de rey  
por tomar la de un vasallo.
En oír esto Rodrigo  
volvióse mal angustiado:
-¡Afuera, afuera, los míos,  
los de a pie y los de a caballo,
pues de aquella torre mocha 
 una vira me han tirado!,
no traía el asta hierro,  
el corazón me ha pasado;
¡ya ningún remedio siento,  
sino vivir más penado!



ROMANCE X DE LA MUERTE DEL REY DON FERNANDO
Doliente estaba, doliente, 
ese buen rey don Fernando;
los pies tiene cara oriente 
y la candela en la mano.
A su cabecera tiene 
arzobispos y perlados;
a su man derecha tiene
los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina 
y el uno era bastardo.
Ese que bastardo era 
quedaba mejor librado:
abad era de Sahagund, 
arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal, 
en las Españas legado.
-Si yo no muriera, hijo, 
vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda, 
bien podréis, hijo, alcanzarlo



ROMANCE DE ROSAFLORIDA
En Castilla está un castillo,  
que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca,  
y a la fonte llaman Frida.
El pie tenía de oro  
y almenas de plata fina;
entre almena y almena  
está una piedra zafira;
tanto relumbra de noche  
como el sol a mediodía.
Dentro estaba una doncella  
que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan,  
tres duques de Lombardía;
a todos les desdeñaba,  
tanta es su lozanía.
Enamoróse de Montesinos  
de oídas, que no de vista.
Una noche estando así,  
gritos da Rosaflorida;
oyérala un camarero,  
que en su cámara dormía.
-"¿Qu'es aquesto, mi señora?  
¿Qu'es esto, Rosaflorida?
"O tenedes mal de amores,  
o estáis loca sandía."
-"Ni yo tengo mal de amores,  
ni estoy loca sandía,
"mas llevásesme estas cartas  
a Francia la bien guarnida;
"diéseslas a Montesinos,  
la cosa que yo más quería;
"dile que me venga a ver 
 para la Pascua Florida;
"darle he siete castillos 
 los mejores que hay en Castilla;
"y si de mí más quisiere  
yo mucho más le daría:
"darle he yo este mi cuerpo,  
el más lindo que hay en Castilla,
"si no es el de mi hermana,  
que de fuego sea ardida."



ROMANCE DE DOÑA ALDA
En París está doña Alda,  
la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella  
para la acompañar:
todas visten un vestido,  
todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa,  
todas comían de un pan,
si no era doña Alda,  
que era la mayoral;
las ciento hilaban oro,  
las ciento tejen cendal,
las ciento tañen instrumentos 
 para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos  
doña Alda dormido se ha;
ensoñando había un sueño,  
un sueño de gran pesar.
Recordó despavorida 
 y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes 
 que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas,  
bien oiréis lo que dirán:
-¿Qué es aquesto, mi señora? 
 ¿quién es el que os hizo mal?
-Un sueño soñé, doncellas,  
que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte  
en un desierto lugar:
do so los montes muy altos 
 un azor vide volar,
tras dél viene una aguililla 
 que lo ahínca muy mal.
El azor, con grande cuita,  
metióse so mi brial,
el aguililla, con gran ira,  
de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma,  
con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera,  
bien oiréis lo que dirá:
-Aquese sueño, señora,  
bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo  
que viene de allén la mar,
el águila sedes vos, 
 con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia,  
donde os han de velar.
-Si así es, mi camarera,  
bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana  
cartas de fuera le traen:
tintas venían por dentro,  
de fuera escritas con sangre,
que su Roldán era muerto  
en caza de Roncesvalles.



ROMANCE DE FONTEFRIDA

Fontefrida, Fontefrida,  
Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas  
van tomar consolación,
si no es la tortolica  
que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar  
el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía  
llenas son de traición;
-Si tu quisieses, señora,  
yo sería tu servidor.
-Vete de ahí, enemigo,  
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,  
ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, 
 turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido,  
porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos,  
ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo,  
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga  
ni casar contigo, no.



ROMANCE II DE CÓMO JIMENA PIDE AL REY VENGANZA

Grande rumor se levanta 
de gritos, armas y voces
en el palacio de Burgos, d
onde son los ricoshombres.
Bajó el rey de su aposento
 y con él toda la corte,
y a las puertas del palacio 
hallan a Jimena Gómez,
desmelenado el cabello, 
llorando a su padre el conde;
y a Rodrigo de Vivar
 ensangrentado el estoque.
Vieron al soberbio mozo 
el rostro airado se pone,
de doña Jimena oyendo
 lo que dicen sus clamores:
-¡Justicia, buen rey, te pido
 y venganza de traidores;
así se logren tus hijos 
y de tus hazañas goces,
que aquel que no la mantiene 
de rey no merece el nombre!
Y tú, matador cruel, n
o por mujer me perdones:
la muerte, traidor, te pido, 
no me la niegues ni estorbes,
pues mataste un caballero, 
el mejor de los mejores.
En esto, viendo Jimena 
que Rodrigo no responde,
y que tomando las riendas 
en su caballo se pone,
el rostro volviendo a todos, 
por obligalles da voces,
y viendo que no le siguen 
grita: -¡Venganza, señores!



LA ESPOSA INFIEL

Mañanita, mañanita,
mañanita de San Simón,
estaba una señorita,
sentadita en su balcón,
arreglada y bien compuesta
con un poco de primor.
Al pasar el caballero,
hijo del emperador,
con la bandurria en la mano,
esta canción le cantó:
«Dormiré contigo, Luna;
dormiré contigo, Sol.»
La joven le contestó:
«Venga usté una noche o dos;
mi marido esta cazando
en los montes de León.»
Para que no vuelva más
le echaré una maldición:
«Cuervos le saquen los ojos,
águilas el corazón,
y los perros con que él caza
lo saquen en procesión».
Al decir estas palabras
el caballero llegó.
«Ábreme la puerta, Luna,
ábreme la puerta, Sol,
que traigo un león vivo,
de los montes de León.»
Va Luna a abrirle la puerta,
mudadita de color.
«¡O tú tienes calentura
o tú tienes nuevo amor!»
«Yo no traigo calentura,
ni tampoco nuevo amor;
¡se me han perdido las llaves
de tu rico comedor!»
«Un platero tengo en Francia
y otro tengo en Aragón.
Fue a abrazar a su señora
y el caballo relinchó.
¿De quién es ese caballo
que en mi cuadra siento yo?»
«Ese es tuyo, dueño mío,
mi padre te lo mandó,
pa' que vayas a cazar
a los montes de León.»
«Mil gracias dale a tu padre
que caballo tengo yo;
cuando yo no lo tenía
nunca me lo regaló.
¿De quién es ese sombrero
que en mi percha veo yo?»
«Ese es tuyo, esposo mío,
mi padre te lo mandó,
pa' que vayas a la boda
de mi hermana la mayor.»
«Muy feliz sea tu hermana,
que sombrero tengo yo,
cuando yo no lo tenía
nunca me lo regaló.
¿De quién es esa escopeta
que en mi rincón veo yo?»
«Esa es tuya, amado mío,
mi padre te la mandó,
pa' que fueras a cazar
a los montes de León.»
-Mil gracias dale a tu padre,
que escopeta tengo yo;
cuando yo no la tenía
nunca me la regaló.»
El joven ya con sospechas,
a la cama se acercó.
«¿Quién es este caballero,
que en mi cama veo yo?»
«¡Mátame, marido mío,
que te he jugado traición!»
Él la cogió por un brazo
y al suegro se la llevó.
«Téngala usté, suegro mío,
que me ha jugado traición.»
«Llévatela, yerno mío,
que la Iglesia te la dio.»
Él con ira la amenaza
y al campo se la llevó.
Le ha dado una puñalada
que el corazón le enfrió.
A la una murió ella,
a las dos murió su amor,
y el otro como tunante
en la cama se quedó.





LA MISA DEL AMOR

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
no aciertan responder, non,
por decir amén, amén,
dicen amor, amor.




LA MORA MORAIMA

Yo me era mora Moraima
morilla de un bel catar.
Cristiano vino a mi puerta
cuitada, por me engañar:
hablóme en algarabía
como quien la sabe hablar:
«ábrasme las puertas, mora,
sí, Alá te guarde de mal.»
«Cómo te abriré, mezquina,
que no sé quién te serás?»
«Yo soy el moro Mazote
hermano de la tu madre,
que un cristiano dejo muerto
y tras mí viene el alcalde:
si no me abres tú, mi vida,
aquí me verás matar.»
Cuando esto oí, cuitada,
comencéme a levantar,
vistiérame un almejía
no hallando mi brial,
fuérame para la puerta
y abríla de par en par.





LEVÁNTOSE LA CASADA...

Levantóse la casada
una mañana al jardín,
dicen que a gozar del fresco:
« ¡Más le valiera dormir! »
Esperando a su galán
a sueño breve y sutil,
le ha dado amor mala noche.
«¡Más le valiera dormir! »
Sobre la madeja bella
que al amor revuelve en sí
sale arrojando una roca.
«¡Más le valiera dormir!»
Gorguera saca de negro,
turquesado el faldellín,
y a medio vestir la ropa.
«¡Más le valiera dormir!»
A la salida del huerto
torcido se le ha un chapín,
de que quedó lastimada.
«¡Más le valiera dormir!»
Pasando más adelante
al coger un alhelí
le picó el dedo una abeja.
«¡Más le valiera dormir!»
Con tanto azar no descansa;
sale enamorada al fin
buscando a aquel que bien ama.
«¡Más le valiera dormir!»
Aquí mira, aquí se para;
nada halla aquí ni allí,
hasta ver lo que no quiso.
«¡Más le valiera dormir!»
A su amante halla muerto,
y al marido junto a sí,
que remató entrambas vidas.
«¡Más le valiera dormir!»



ROMANCE DE ROSA FRESCA

¡Rosa fresca, rosa fresca,
tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos,
non vos supe servir, non:
y agora que vos servía
non vos puedo yo haber, non!
- Vuestra fue la culpa, amigo,
vuestra fue, que mía non;
enviásteme una carta
con un vuestro servidor,
y, en lugar de recaudar
él dijera otra razón:
que érades casado amigo,
allá en tierras de León;
que tenéis mujer hermosa
e hijos como una flor.
- Quien vos lo dijo, señora,
non vos dijo verdad, non;
que yo nunca entré en Castilla
ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño,
que non sabía de amor.



ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE

Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos la tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
- ¿Por dónde has entrado amor?
¿Cómo has entrado mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
- No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
- ¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
- Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
- ¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta niña!
- ¿Como te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
- Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
- Vete bajo la ventana
donde ladraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
- Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.



ROMANCE EL INFANTE ARNALDOS

¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un Cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
     Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por tu vida, el marinero,
dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.


Romance del prisionero

Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuando es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.



ROMANCE DE LA PÉRDIDA DE ALHAMA

Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarambla
-¡Ay de mi Alhama! 
Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego,
y al mensajero matara.
-¡Ay de mi Alhama! 
Descabalga de una mula
y en un caballo cabalga,
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
-¡Ay de mi Alhama! 
Como en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
-¡Ay de mi Alhama! 
Y que las cajas de guerra
apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros,
los de la Vega y Granada.
-¡Ay de mi Alhama! 
Los moros, que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos
juntado se ha gran batalla.
-¡Ay de mi Alhama! 
Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
-¿Para qué nos llamas, rey?
¿Para qué es esta llamada?
-¡Ay de mi Alhama! 
-Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada:
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
-¡Ay de mi Alhama! 
Allí habló un alfaquí,
de barba crecida y cana:
-Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara
-¡Ay de mi Alhama!


ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.






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¿Jugamos con el diccionario?


¿Quién ha dicho que las clases de lengua son aburridas? ¿Quién piensa que escribir es un rollo? ¿Quién cree que trabajar con el diccionario no es divertido?

Os vamos a demostrar que os equivocáis.

Empezaremos con este juego para realizar en clase:

Debéis formar grupos de 3 personas. Cada grupo tendrá un diccionario y una palabra distinta para buscar. Cuando la localicéis, copiaréis su significado. Si tiene más de una acepción, solo se copiará la primera. Después, entre todos, inventaréis una segunda definición para la palabra.
Cuando todos los grupos hayan terminado, el portavoz de cada uno de ellos leerá las definiciones y el resto de la clase deberá acertar cuál es la correcta. Ganará el juego el grupo que más aciertos tenga.

Es importante:
     · Hablar muy bajito para que los compañeros de los demás grupos no nos escuchen y sepan qué definición hemos copiado y cual hemos inventado.
      · Prestar mucha atención a la redacción de la definición inventada. Tiene que estar expresada como lo estaría en un diccionario, si no, estaríamos dando pistas a nuestros rivales.


Un ejemplo:

ACARRAZARSE:
         · Abrazarse con fuerza.
         · Sufrir un ataque de tos como consecuencia de una carraspera.

¿Cuál es la verdadera?


Aquí tenéis un listado de palabras:

  • acmé
  • aeronato
  • agibílibus
  • ajaspajas
  • alacre
  • aladar
  • albanado
  • alcabor
  • amaitinar
  • amartelamiento
  • ambuesta
  • amok
  • amonarse
  • amoricones
  • anagnórisis
  • anhedonia
  • antuviada
  • apianar
  • aporrar
  • arcidriche
  • ardorada
  • arrancapinos
  • arrobar
  • asobinarse
  • asperillo
  • atafagar
  • aurívoco

La idea del juego es del blog http://sololengua.blogspot.com.es/
Y las palabras están sacadas de la sección Abrapalabra de Verne, El País.

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