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Poemas dedicados a objetos cotidianos II

Hoy el tiempo ha sido soleado,
aunque ayer fue un poco borrascoso.
Al final todo ha sido soleado,
el cielo ha sido bondadoso.

Carlos Martínes, 2ºC



Día lluvioso.
Gotitas en las hojas,
cielo nublado,
suelo resbaloso.
José Manuel Calcvo, 2ºC




Los bolis.
El verde color armonía,
armonía como su color,
que en su fragancia veía,
tu cara como una flor.

Con esa mirada profunda,
tu color azul,
deja libre tu mirada
que tanto me perturba.

No te vayas, no te vayas,
rojo, quédate aquí,
porque tú eres cosa sagrada,
para que yo pueda vivir.
David Campos, 2º C





Verde por fuera,
blanco por dentro.
En lo blanco escribo un cuento,
de diversos colores y encuentros.
Estefanía Castro, 2ºC




Voy desenvolviendo 
tu pequeño forro blanco
y con un simple movimiento
saboreo tu pequeño cuerpo dulce y agradable,
dejando con tu rastro,
un buen aliento.
Fadwa El Bakkali, 2ºC




Dos caramelos enormes,
unido por palotes.
Dibujando círculos
al paso que voy.
De un color rosa eres.
Esas veces que decía:
"¿Qué bonita eres!".
Siempre te manejo yo,
pero, esta vez, manéjame tú a mí.
LLévame a un lugar bonito
donde me encuentre con aquel amigo.
Elena Campello, 2ºC



Llueve, llueve,
como la lluvia de tus ojos,
gotas limpias e inocentes
como tu alma.
Déjame bailar  bajo la lluvia,
como yo bailo contigo.
Leticia Blasco, 2ºC

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Poemas dedicados a objetos cotidianos I

Hay que aprovechar el momento del lápiz
expresando sentimientos e ilusiones.
Pero, aprovéchalo ya,
que dentro de poco se acabará el lápiz
y ya no los podrás expresar.

Alejandro Ortega, 2ºA



Por el campo es lindo pasear
si se sabe disfrutar.
Por sus largas praderas,
buenos paseos puedes dar.
Caminando por el campo,
bellas mariposas verás, 
con sus bonitos colores
y su alegre volar
en las flores se posarán.
¡Qué bonito es 
en el campo pasear!
 Lorena Ortiz, 2ªA




Con el rotulador rojo,
pinto una fresa ante mi ojo.

Con el rotulador rosa,
pinto la sonrisa de tu boca.

Con el rotulador azul, 
pinto un jamón Navidul.

Con el rotulador morado,
pinto a un hombre confiado.

Con el rotulador verde
escribo algo que concuerde.

Con el rotulador amarillo,
pinto una estrella con brillo.

Con el rotulador negro, 
acabo este poema y me alegro.
Nuria Serrano, 2ºA




Las tijeras tienen dos ojos grandes
y dos largas piernas.
Siempre de punta o de pie,
como una bailarina.
Elena Roldán, 2ºA






Oh, dulce libro 
que sirves para escribir, colorear,
leer y dibujar.
Contigo crecí
y me diste educación.
Ahí estás para que contigo,
todo el mundo pueda saber más.
Antonio Valero, 2ºA




Érase un paraguas
un verano entero
queriendo llorar
lágrimas de invierno.
María Ruiz, 2ºA





¡Oh, tipex, 
que borras los errores de mi corazón!
Tienes un mecanismo
que me sorprende.
¡Parece magia!
Borras en un plis-plas,
lo que está mal.
Vicente Sempere, 2ºA





¡Oh, carpeta!
Que me ayudas en todo,
azul como el mar
y grande como el mundo.
Sandra Peraile, 2ºA






Oh, dulce cepillo de dientes,
que amplías mi sonrisa
blanqueándome los dientes.
Para sonreír todos los días
como un chico excelente
Pedro Muñoz, 2ºA

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Ganador 2ºC




Ese era el lápiz con el que le gustaba dibujar a Marco. Marco era un niño con una sonrisa especial, siempre estaba alegre su sueño era ser pintor. Marco tenía solo a su madre porque a su padre no lo conoció ya que, antes de que él naciera, murió por un acidente de tráfico.
A la madre de Marco le costó mucho superarlo, pero Marco siempre le sacaba una sonrisa. Una mañana lluviosa, Marco se encontraba mal, no tenía ni siquiera una pequeña sonrisa. Su madre se preocupó mucho por él y lo llevó al hospital. Cuando le dieron la terrible noticia, la madre de Marco empezó a llorar. Entonces él le preguntó qué pasaba y su madre le dijo que tenía cáncer.  Marco echó la cabeza hacia abajo unos segundos, miro la cara de su madre y le sonrió diciéndole que no pasaba nada, que lo iba a superar.
Cada mañana se levantaba la madre de Marco preocupada y se iba a verlo al hospital. Él, cada vez que iba su madre a visitarlo, le daba un dibujo y le sonreía.
Una noche Marco se encontraba muy mal y los médicos no sabía ya lo que hacer. Esa mañana la madre de Marco se había levantado temprano para comprar churros para él, porque le encantaban. Cuando fue a la habitación del hospital se le cayeron los churros al suelo y las lágrimas.
Marco había muerto, pero en su mano tenía un dibujo y una carta. El dibujo era el retrato de ella y la carta decía: "No mires hacia atrás a menos que puedas sonreír, no mires hacia el futuro a menos que puedas soñar".
Un año más tarde la madre es profesora de plástica y trabaja con niños discapacitados y con problemas, pero siempre lleva en su corazón esa sonrisa que nunca se apagó.                           


Antonio Vicente Valero Penalva

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